Dios nos llama a ser faros en la oscuridad. A llevar Su luz a quienes más la necesitan: a los olvidados, a los quebrantados, a los que esperan tras las rejas. Porque en Su nombre, incluso el desierto florece.
Desde nuestro incios, hemos respondido al llamado de Dios, con el compromiso de llevar Su esperanza y consuelo a quienes se encuentran en lugares más oscuros.
Este ministerio nació con el deseo de ver vidas restauradas, corazones sanados y familias reconstruidas por el amor de Dios y el poder transformador de su Evangelio.
Con el tiempo, este llamado nos llevó a servir en asentamientos, barrios vulnerables y especialmente en instituciones carcelarias, donde hemos visto el obrar de Dios en lo más profundo del dolor humano.
Comenzamos en un asentamiento de Rosario, con reuniones en casas, campañas evangelísticas y acompañamiento social. Con el paso de los años, nuestra labor se extendió a los barrios vulnerables de San Lorenzo y Puerto General San Martín, hasta que en 2010 Dios nos abrió las puertas del ministerio carcelario, donde servimos hasta hoy llevando el Evangelio tras las rejas y viendo vidas completamente transformadas.
Como fruto de este recorrido, nació la Fundación Renacer a la Esperanza, con el anhelo de acompañar, restaurar y transformar realidades, compartiendo el mensaje de salvación a cada rincón donde Dios nos llama a servir.