- Julián T.
“Llegué a la cárcel pensando que mi vida ya no valía nada.
Pero un día escuché hablar de Jesús en una de las charlas del ministerio,
y fue como si algo se encendiera en mí. Empecé a leer la Biblia, a orar, y
a conocer más a Dios. Hoy, aunque sigo cumpliendo mi
condena, estoy en paz porque sé que soy una nueva persona.”